El pasado mes de febrero el sastre José Tomás fue víctima de un despido improcedente cuando la empresa para la que trabajaba, Forever Young, le dejó de patitas en la calle acusándole de haber cometido irregularidades en la facturación. Tomás se quedó sin trabajo justo después de declarar ante el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por el asunto de los trajes regalados al President de la Generalitat, dentro de la investigación del "caso Gürtel" de corrupción vinculada al PP. José Tomás explicó al juez, como después lo ha hecho por activa y pasiva en distintos medios de comunicación, así como en posteriores citaciones judiciales, que él le tomaba medidas a Camps, le hacía los trajes, se los entregaba y que de pagar se encargaba Pablo Crespo, uno de las cabezas visibles del entramado "Gürtel", que el President jamás pagaba.
El despido y las acusaciones contra José Tomás fueron recibidos con entusiasmo por los medios de comunicación que, día tras día, se muestran empeñados en limitar, reducir o quitar importancia al caso de los trajes regalados a Camps y todo lo que de ellos, políticamente, se desprende. Obviamente, donde mayores aplausos concitó la decisión de la empresa Forever Young fue en el PP. Los populares vieron en ese trance un clavo al que asirse para desviar la atención de la sombra de corrupción que se iba cerrando sobre ellos. Y se lanzaron a degüello contra José Tomas. Hoy, cuando el juzgado de lo Social número 8 de Madrid ha sentenciado que se trataba de un despido improcedente y ha negado que haya ni la más mínima prueba de que el sastre hubiera cometido ninguna irregularidad contable, vale la pena recordar lo que los portavoces del PP dijeron de Tomás.
La caza y captura la inició el diputado Federico Trillo. El ex ministro de Defensa argumentó que estábamos ante un caso de facturas falsificadas y que Tomás cobró dos veces por los trajes para el presidente de la Generalitat, Francisco Camps: una a la empresa y otra al President de la Generalitat. Trillo se mostró además convencido de que había pruebas que avalaban sus palabras.
Rafael Blasco, consejero de Inmigración del gobierno de Francisco Camps y una de las personas claves de su estrategia de defensa ante el caso de corrupción en el que se ve implicado, no dudó en asegurar que se ponía en evidencia que Tomás era simplemente la punta de lanza en una estrategia "maquiavélica de acoso a Camps". Blasco redondeó con: "es un desastre de sastre que se contradice en sus afirmaciones".
El caso era aprovechar las acusaciones contra Tomás para poner en duda su credibilidad después de que hubiera dicho claramente que Francisco Camps no pagaba los trajes que él le hacía. Por eso el diputado al Congreso Alfonso Alonso lo resumió así: "el presunto sastre, miente se contradice y genera confusión", y el portavoz del PP, Esteban González Pons, "resulta que no es sastre y ha cambiado hasta cinco veces su versión".
La Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, transitó por la misma senda. Cospedal dijo que la palabra de Tomás no valía nada porque "ha cambiado cinco veces de palabra".
El vicepresidente de la Generalitat valenciana, Juan Cotino, uno de los políticos con más ascendente sobre Camps, fue rotundo en su descalificación: "es un señor que trapichea con facturas de ropa". Subiendo un poco el volumen de la acusación, el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, aseguro que Tomás era "una persona que pasaba por allí, que dice que le ha llevado unops trajes y que está condenado por otros delitos similares".
Con lo de misa que son y recordando, que yo lo recuerdo, aquello de no levantar falsos testimonios y aquello otro de querer al prójimo como a uno mismo, después de la decisión judicial favorable a José Tomás, en el PP habrá cola en los confesionarios. Claro que en el caso de Federico Trillo, tan del Opus, ni dios se va a creer que tiene propósito de enmienda.
Datos personales
jueves 16 de julio de 2009
martes 14 de julio de 2009
¿Uno de los nuestros? No, uno de los suyos
En los pueblos de Castilla-La Mancha son muchas las familias que encima de la mesilla que acompaña al tresillo, en la cómoda del recibidor o sobre la mesa principal del comedor tienen una foto de algún miembro de la casa junto al que fuera Presidente de aquella autonomía, José Bono. Foto con dedicatoria, por supuesto. Es así porque Bono, durante sus muchos años de presidente castellano manchego, incluía en el séquito que le acompañaba en sus viajes por la comunidad a un fotógrafo y un auxiliar de prensa que tenían un cometido muy concreto: el primero, inmortalizaba al presidente junto a todos los lugareños que podía, y el segundo, anotaba la dirección donde estos vivían. Sonrisas, algún beso y muchas palmadas en la espalda. Días después al domicilio en cuestión llegaba la resplandeciente foto con Bono y, como no, pasaba a ocupar un lugar preferente en el domicilio. Estar inmortalizado al lado del Presidente no es poca cosa. Si tan alta autoridad, además, se prestaba a posar con el hijo o el nieto en brazos, y claro que se prestaba, el documento ya se convertía en pieza de retablo. Para los del lugar era un orgullo, para Bono, por decirlo sin circunloquios, eran votos.
El populismo siempre rebusca los votos a base de gestos que le acerquen al pueblo, aunque el poder obtenido con ellos se utilice posteriormente para satisfacer necesidades muy alejadas de las que les son propias a ese mismo pueblo. Así, con el paso del tiempo, hemos ido viendo como Bono emparienta con cantantes de la jet, pasea en barco con políticos millonarios como Eduardo Zaplana, monta complejos hípicos para que sus hijos hagan deporte y, además, se forra con ellos, y acaba tapándose la calva con implantes al estilo Berlusconi en lugar de calarse una gorra o una boina como harían sus paisanos y compañeros de fotografías.
Eduardo Zaplana y José Bono saludándose.
Son poco fiables estos comportamientos en políticos que se llenan la boca de decir que ellos son uno más, que son pueblo llano como han sido siempre.
Cuando un político se comporta como Bono genera dudas. Como las genera Francisco Camps. Bueno, éste va más allá, no son dudas lo que hay a su alrededor, es más bien un abismo de sospechas: lo que se complica este señor para explicar quién paga la ropa que viste. Con lo fácil que le resulta al común de los mortales aclarar estos pormenores. Los políticos, aunque simulen lo contrario, son gente rara. Hacen cosas extrañas. Resulta que Camps, con la normalidad como bandera, tiene fijación por el punto de cierre de las trabillas de sus pantalones, le pirran las chaquetas de cuadro ventana, es fiel a las americanas de verano de Loro Piana de lana súper 180 y a los zapatos de anca de potro. No conozco a nadie que viva arrastrando estos gustos, ni nunca me han hablado de personas con estas inclinaciones. Será, seguramente, porque no pertenezco al selecto, y adinerado, grupo que gasta material tan distinguido, pero me parece una burla que quieran hacer ver que los normales son ellos.
No me parece nada normal que, como hacía Camps, te tomen medidas para un traje nuevo más allá de la una de la madrugada en el Hotel Ritz de Madrid. ¿No hay establecimientos menos ostentosos en la capital de España? Puesto que no se lo paga él sino que tira de dinero público, ¿no hay alojamientos igual de dignos pero un poco más baratos? Además: cómo es posible que a esas altas horas de la noche le quedara humor para contestar si la pieza le tiraba de aquí o de allá o para arriesgarse a que, marcando, marcando, le clavaran un alfiler en el codo o bajo la axila; un President de la Generalitat, ¿no llega extenuado a la medianoche? Desconocía también que los zapatos de anca de potro, de sutiles que son, si te los pisan un par de veces precisan de un kit de restauración, como si de un cuadro de Velázquez o Munch se tratara. Que cruz.
No lo entiendo pero me da la sensación que en mi extrañeza habitan buena parte de las razones que explican la deriva de nuestra política, la insatisfacción de los ciudadanos ante el funcionamiento de la democracia y que nuestros gobernantes se estén especializando más en crear problemas que en resolverlos. Sigo preguntándome, por ejemplo, que necesidad hay de que Leire Pajín sea senadora: ¿no tiene suficiente trabajo esta señora siendo Secretaría de Organización del PSOE, que es, más o menos, como ser la gerente de una gran empresa, tan grande como que entre sus divisiones tiene el gobierno de España? ¿Por qué tanto empeño en ser senadora? ¿Dinero? ¿Fuero?
Que gente tan estrafalaria, tan estrambótica, tan excéntrica.
El populismo siempre rebusca los votos a base de gestos que le acerquen al pueblo, aunque el poder obtenido con ellos se utilice posteriormente para satisfacer necesidades muy alejadas de las que les son propias a ese mismo pueblo. Así, con el paso del tiempo, hemos ido viendo como Bono emparienta con cantantes de la jet, pasea en barco con políticos millonarios como Eduardo Zaplana, monta complejos hípicos para que sus hijos hagan deporte y, además, se forra con ellos, y acaba tapándose la calva con implantes al estilo Berlusconi en lugar de calarse una gorra o una boina como harían sus paisanos y compañeros de fotografías.
Eduardo Zaplana y José Bono saludándose.Son poco fiables estos comportamientos en políticos que se llenan la boca de decir que ellos son uno más, que son pueblo llano como han sido siempre.
Cuando un político se comporta como Bono genera dudas. Como las genera Francisco Camps. Bueno, éste va más allá, no son dudas lo que hay a su alrededor, es más bien un abismo de sospechas: lo que se complica este señor para explicar quién paga la ropa que viste. Con lo fácil que le resulta al común de los mortales aclarar estos pormenores. Los políticos, aunque simulen lo contrario, son gente rara. Hacen cosas extrañas. Resulta que Camps, con la normalidad como bandera, tiene fijación por el punto de cierre de las trabillas de sus pantalones, le pirran las chaquetas de cuadro ventana, es fiel a las americanas de verano de Loro Piana de lana súper 180 y a los zapatos de anca de potro. No conozco a nadie que viva arrastrando estos gustos, ni nunca me han hablado de personas con estas inclinaciones. Será, seguramente, porque no pertenezco al selecto, y adinerado, grupo que gasta material tan distinguido, pero me parece una burla que quieran hacer ver que los normales son ellos.
No me parece nada normal que, como hacía Camps, te tomen medidas para un traje nuevo más allá de la una de la madrugada en el Hotel Ritz de Madrid. ¿No hay establecimientos menos ostentosos en la capital de España? Puesto que no se lo paga él sino que tira de dinero público, ¿no hay alojamientos igual de dignos pero un poco más baratos? Además: cómo es posible que a esas altas horas de la noche le quedara humor para contestar si la pieza le tiraba de aquí o de allá o para arriesgarse a que, marcando, marcando, le clavaran un alfiler en el codo o bajo la axila; un President de la Generalitat, ¿no llega extenuado a la medianoche? Desconocía también que los zapatos de anca de potro, de sutiles que son, si te los pisan un par de veces precisan de un kit de restauración, como si de un cuadro de Velázquez o Munch se tratara. Que cruz.
No lo entiendo pero me da la sensación que en mi extrañeza habitan buena parte de las razones que explican la deriva de nuestra política, la insatisfacción de los ciudadanos ante el funcionamiento de la democracia y que nuestros gobernantes se estén especializando más en crear problemas que en resolverlos. Sigo preguntándome, por ejemplo, que necesidad hay de que Leire Pajín sea senadora: ¿no tiene suficiente trabajo esta señora siendo Secretaría de Organización del PSOE, que es, más o menos, como ser la gerente de una gran empresa, tan grande como que entre sus divisiones tiene el gobierno de España? ¿Por qué tanto empeño en ser senadora? ¿Dinero? ¿Fuero?
Que gente tan estrafalaria, tan estrambótica, tan excéntrica.
jueves 9 de julio de 2009
El PP da por caducado a Camps
El mapa político valenciano es de tesis doctoral de altos vuelos.
Asistimos al diario goteo de información que socava y socava al President de la Generalitat, Francisco Camps. Con su porte de personaje de "El Greco" pasado, claro, por una sastrería de tronío, Camps vive la curiosa paradoja de ser un dirigente tan clandestino, como apoyado masivamente en las urnas; esconde su agenda para no tropezar con nadie que le plante cara, ya sea en forma de pregunta o de pancarta. No puede salir a la calle pero la calle está con él, como mínimo dispuesta a votarle. Electoralmente el mayor peligro del "caso Camps" es el perjuicio que le puede ocasionar a Mariano Rajoy.
Las saetas le llegan a Camps por todas partes, desde su oposición política, desde los medios no afines, pero también se tambalea por culpa del "fuego amigo". Ver a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, apuntando a su President como mentiroso es para llevarse las manos a la cabeza. Después de tantas veces que Camps ha asegurado que él se paga sus trajes, va Barbera y dice que los trajes son como las anchoas con que el Presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, obsequia a Zapatero. Luego aparece María Dolores de Cospedal, la número 2 del PP, y añade que "en el hipotético caso de que le hubieran regalado los trajes...", pero: ¿también ella duda de la palabra de Camps? ¿No ha quedado claro que él dice que no hubo regalo? También la Presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, con su peculiar estilo se apunta a la nueva corriente argumental.
Desde el PP se pide incluso la despenalización de los regalos a los políticos, como si los que entran en el ámbito de lo razonable fueran delito. No. Lo que da sentido al proceso que se sigue contra Camps, y esto nadie de los suyos lo dice, es que aquellos que le regalaron los trajes han recibido cuantiosos, cuantiosísimos contratos del PP y de las instituciones valencianas controladas por Francisco Camps. Para ser exactos: A Camps le obsequia un grupo de fascinerosos de los que se declara amigo y a quienes luego él convierte en contratistas a cuenta del dinero público. Muy poco ejemplar.
No puede ser casualidad que los dirigentes del PP estén empezando a justificarse al precio de dejar a Camps por mentiroso. Se trata de una estrategia planificada y, si se sigue, solamente puede desembocar en la caída del President valenciano. La pieza a proteger es Rajoy. Un yogur caducado es el último en enterarse de su consición porque es el único que no se puede ver la tapa, Camps está más o menos igual. El País Valenciano no peligra. En absoluto. Pese a todo, pese a los regalos, las mentiras, las conversaciones telefónicas ridículas, las sentencias, las falsedades, las amenazas, las extorsiones, el dinero público despilfarrado, los escándalos y los sobornos no conozco a nadie que piense que de convocarse hoy mismo elecciones autonómicas no las volvería a ganar el PP, tanto da quien sea el candidato.
Asistimos al diario goteo de información que socava y socava al President de la Generalitat, Francisco Camps. Con su porte de personaje de "El Greco" pasado, claro, por una sastrería de tronío, Camps vive la curiosa paradoja de ser un dirigente tan clandestino, como apoyado masivamente en las urnas; esconde su agenda para no tropezar con nadie que le plante cara, ya sea en forma de pregunta o de pancarta. No puede salir a la calle pero la calle está con él, como mínimo dispuesta a votarle. Electoralmente el mayor peligro del "caso Camps" es el perjuicio que le puede ocasionar a Mariano Rajoy.
Las saetas le llegan a Camps por todas partes, desde su oposición política, desde los medios no afines, pero también se tambalea por culpa del "fuego amigo". Ver a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, apuntando a su President como mentiroso es para llevarse las manos a la cabeza. Después de tantas veces que Camps ha asegurado que él se paga sus trajes, va Barbera y dice que los trajes son como las anchoas con que el Presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, obsequia a Zapatero. Luego aparece María Dolores de Cospedal, la número 2 del PP, y añade que "en el hipotético caso de que le hubieran regalado los trajes...", pero: ¿también ella duda de la palabra de Camps? ¿No ha quedado claro que él dice que no hubo regalo? También la Presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, con su peculiar estilo se apunta a la nueva corriente argumental.
Desde el PP se pide incluso la despenalización de los regalos a los políticos, como si los que entran en el ámbito de lo razonable fueran delito. No. Lo que da sentido al proceso que se sigue contra Camps, y esto nadie de los suyos lo dice, es que aquellos que le regalaron los trajes han recibido cuantiosos, cuantiosísimos contratos del PP y de las instituciones valencianas controladas por Francisco Camps. Para ser exactos: A Camps le obsequia un grupo de fascinerosos de los que se declara amigo y a quienes luego él convierte en contratistas a cuenta del dinero público. Muy poco ejemplar.
No puede ser casualidad que los dirigentes del PP estén empezando a justificarse al precio de dejar a Camps por mentiroso. Se trata de una estrategia planificada y, si se sigue, solamente puede desembocar en la caída del President valenciano. La pieza a proteger es Rajoy. Un yogur caducado es el último en enterarse de su consición porque es el único que no se puede ver la tapa, Camps está más o menos igual. El País Valenciano no peligra. En absoluto. Pese a todo, pese a los regalos, las mentiras, las conversaciones telefónicas ridículas, las sentencias, las falsedades, las amenazas, las extorsiones, el dinero público despilfarrado, los escándalos y los sobornos no conozco a nadie que piense que de convocarse hoy mismo elecciones autonómicas no las volvería a ganar el PP, tanto da quien sea el candidato.
miércoles 8 de julio de 2009
Avanzar pese a los políticos
Viendo como está el panorama político, a veces me asaltan dudas. Me cuestiono si lo que a mi me parece obvio, normal, sensato, deseable, sencillo y ajustado, ajustado, a los principios y valores de la democracia no son salidas de pata de banco que se me ocurren, pongamos, por falta de hierro, exceso de sol o déficit de neuronas. Miro a mi alrededor, procuro apartar a tanto periodista con vocación de guardaespaldas, escucho a los políticos y no les entiendo. Sus palabras, sus actitudes, sus comportamientos me suenan a burla, a broma, a ofensa. No actúan como servidores de lo público sino como reyezuelos o señores feudales que toman la ciudadanía y la ley como excusas para su propio beneficio.
No comprendo la inexistencia de listas electorales abiertas, ni que no haya limitación de mandatos, ni que los políticos se puedan negar a particiapr en debates, en entrevistas e, incluso, a responder a lo que se les pregunta, sea en sede parlamentaria o en rueda de prensa. No se tampoco como existen ruedas de prensa sin preguntas. Me parece una contradicción tan evidente como suponer que quien las convoca es una persona honrada y no tiene nada que esconder. No entiendo como hay barreras o sistemas electorales tan poco proporcionales que dejan fuera de los parlamentos a miles y miles de votantes, ni que no se puedan conocer al detalle todos los contratos que se firman desde instancias públicas, ni que no sepamos lo que cobran, al centimo, los dirigentes de los partidos políticos. Sobre todo estas cosas, y muchas más, se debería legislar. Nuevas leyes orientadas a favorecer la transparencia en la acción política y a limitar la discrecionalidad de los propios dirigentes y cargos institucionales que han de votarlas. Ahí reside el problema. El día a día nos demuestra que, por encima de diferencias ideológicas, a los políticos les une la pertenencia a la misma casta, les puede la solidaridad de clase, les mueve procurar que las leyes les molesten lo justo.
Hace ya mucho tiempo llegue a la conclusión de que sería bueno que los gastos de todas las tarjetas de pago que se sufragan con dinero público se colgaran periódicamente en internet. Lo escribí en este mismo blog hace medio año.
"Más allá de eso debería legislarse la obligatoriedad de que a través de internet cualquier ciudadano pudiera consultar los extractos de todas las tarjetas de pago (las famosas visas oro y las demás), que se abonan a costa del erario público, quién hace uso de ellas y para qué". (Ver todo el artículo)
Lo he comentado con mucha gente. A nadie le parece mal. Bueno, a casi nadie. Cuanto más cerca de la política profesional estaban mis interlocutores más complicada les parecía la propuesta. Pues bien, la BBC ha decidido colgar trimestralmente en internet todos los sueldos y gastos que sus directivos cargan a las cuentas de la cadena. Es decir, era posible. Como esto, mucho más: iniciativas que fomenten la claridad en las cuentas públicas, que obliguen a la asunción de responsabilidades a los gestores corruptos o incapaces, que dificulten que alguien pueda eternizarse en los cargos, que aseguren que la pagará aquel gobernante que intente manipular los medios públicos, que limiten los gastos suntuarios a cuenta del erario público, que impidan a los partidos endeudarse... Se trata, simplemente, de tener claro que se legisla pensando en el ciudadano y no en los intereses del propio legislador.
No comprendo la inexistencia de listas electorales abiertas, ni que no haya limitación de mandatos, ni que los políticos se puedan negar a particiapr en debates, en entrevistas e, incluso, a responder a lo que se les pregunta, sea en sede parlamentaria o en rueda de prensa. No se tampoco como existen ruedas de prensa sin preguntas. Me parece una contradicción tan evidente como suponer que quien las convoca es una persona honrada y no tiene nada que esconder. No entiendo como hay barreras o sistemas electorales tan poco proporcionales que dejan fuera de los parlamentos a miles y miles de votantes, ni que no se puedan conocer al detalle todos los contratos que se firman desde instancias públicas, ni que no sepamos lo que cobran, al centimo, los dirigentes de los partidos políticos. Sobre todo estas cosas, y muchas más, se debería legislar. Nuevas leyes orientadas a favorecer la transparencia en la acción política y a limitar la discrecionalidad de los propios dirigentes y cargos institucionales que han de votarlas. Ahí reside el problema. El día a día nos demuestra que, por encima de diferencias ideológicas, a los políticos les une la pertenencia a la misma casta, les puede la solidaridad de clase, les mueve procurar que las leyes les molesten lo justo.
Hace ya mucho tiempo llegue a la conclusión de que sería bueno que los gastos de todas las tarjetas de pago que se sufragan con dinero público se colgaran periódicamente en internet. Lo escribí en este mismo blog hace medio año.
"Más allá de eso debería legislarse la obligatoriedad de que a través de internet cualquier ciudadano pudiera consultar los extractos de todas las tarjetas de pago (las famosas visas oro y las demás), que se abonan a costa del erario público, quién hace uso de ellas y para qué". (Ver todo el artículo)
Lo he comentado con mucha gente. A nadie le parece mal. Bueno, a casi nadie. Cuanto más cerca de la política profesional estaban mis interlocutores más complicada les parecía la propuesta. Pues bien, la BBC ha decidido colgar trimestralmente en internet todos los sueldos y gastos que sus directivos cargan a las cuentas de la cadena. Es decir, era posible. Como esto, mucho más: iniciativas que fomenten la claridad en las cuentas públicas, que obliguen a la asunción de responsabilidades a los gestores corruptos o incapaces, que dificulten que alguien pueda eternizarse en los cargos, que aseguren que la pagará aquel gobernante que intente manipular los medios públicos, que limiten los gastos suntuarios a cuenta del erario público, que impidan a los partidos endeudarse... Se trata, simplemente, de tener claro que se legisla pensando en el ciudadano y no en los intereses del propio legislador.
martes 7 de julio de 2009
Bastaría un segundo de dignidad
Quiero hablar únicamente de política. No de tribunales. Me referiré al "caso Gürtel" y al President de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, aunque pretendo ir un poco más allá. Gürtel y Camps no son más que dos ejemplos de la deriva de nuestra política y nuestros políticos. Gürtel y Camps, juntos, nos señalan el mal camino que transita hoy la democracia incapaz de plantar cara a la presión que de forma coordinada y torticera ejercen sobre ella los poderes económicos, los aparatos de los partidos políticos dominantes y los medios de comunicación.
Al margen de como acabe el proceso contra Camps en los tribunales, el proceder del President valenciano es totalmente impropio de un dirigente político democrático. Con su resistencia, sus silencios, su abuso de la televisión pública, sus acusaciones "urbi et orbi" como armas de defensa, Camps está violando las instituciones que representa, está obligando a la gente a posicionarse a favor o en contra como si de una guerra se tratara, está tensionando a la ciudadanía solo porque cree poder salir personalmente beneficiado de ello. Camps ofrece un pésimo ejemplo y eso es de las peores cosas que puede hacer un dirigente político. Con su empecinamiento, colocándose detrás de las urnas como si fueran su trinchera, pervierte cualquier elección, aunque la gane, y fuerza a los votantes a rebuscar en su interior lo peor de si mismos, lo más irracional, lo más simple, su parte menos demócrata. Ese será su legado.
Una vez estalló el "caso Gürtel" Francisco Camps tenía que haber dado necesariamente explicaciones inmediatas y públicas de todo de lo que se le acusaba: explicarse o dimitir, esa es la senda de un político responsable y respetable. Solo el hecho de verse mezclado con con un grupo de gente dedicado a trapichear con sus influencias, que sobornaban, extorsionaban y se lucraban gracias a su cercanía al PP, solo eso, ya obligaba a Camps a explicarse y pedir disculpas. Pedir perdón al menos por haber puesto en tan malas manos tanta confianza y tanto dinero público. Miren las conversaciones que tenían, lo que tramaban, los tonos que utilizaban y las características de sus negocios. Mafia, tan cutre como se quiera pero mafia. No son los contactos que se esperan de un político honrado. Nadie vota para eso.
Lo grave es que las cosas no han quedado ahí ya que ha resultado que además de contactos Camps tenía con esta gente amistad y roce suficiente como para recibir de ellos cuantiosos regalos. En tales circunstancias las explicaciones pasan de necesarias a imprescindibles; pero no. De aclaraciones, ni una. Todo cortinas de humo, excusas y casualidades. Si, como juraba, había pagado él los trajes que otros decían haberle regalado, debía presentarse con las facturas por delante. Tan simple como esto. ¿Quién puede creerse que una persona como Camps circula por el mundo pagando en efectivo ropa por valor de miles de euros? ¿Billetes sacados de la caja de la farmacia de su señora? ¿Y no guarda facturas? ¿Ni las puede pedir? Cualquier mortal que no conserva un determinado justificante de pago lo necesita posteriormente lo pide a la empresa en cuestión y lo tiene en tres días; un President de la Generalitat, en tres minutos. Camps parece que no. ¿Cómo puede gobernar un país una persona tan desastre? Incluso en una comunidad de vecinos se le exige a su presidente mayor rigor.
Álvaro Pérez y Francisco Camps.
El culebrón de Francisco Camps con Álvaro Pérez, "El Bigotes", es suficiente para dar por amortizada cualquier carrera política. Al principio, ante los primeros olores a corrupción, Camps despejó sus posibles contactos con Pérez asegurando casi ni conocerle, "tengo la suerte de saludar a muchas personas a lo largo del año", aseveró. Pocos días más tarde aparece una conversación entre ambos en la cual el mandatario valenciano llama a "El Bigotes" "amiguito del alma", le añade "te quiero un huevo" porque "lo nuestro es muy bonito" y se acababa descubriendo que toda la familia de Camps, toda, recibía regalos de Álvaro Pérez.
Haya o no delito, no se puede aceptar que un dirigente democrático, ayer, con la que está cayendo, haga como hizo Camps y, cuando los periodistas le preguntan por unas nuevas conversaciones divulgadas y que amplían la gravedad de las evidencias que le afectan, conteste que "ni lo conozco, ni me interesa, ni tengo nada que decir". ¿Cómo? ¿Cómo que ni le interesa aquello por lo que miles y miles de ciudadanos le exigen una explicación? Aunque solo fuera una persona la que le pidiera una respuesta, el político está obligado a darla, es la base de la democracia, es un derecho, conviene no olvidarlo.
El "caso Gürtel" condena políticamente a Francisco Camps pero no por lo que puede haber hecho ante de que estallara la trama de corrupción, que eso lo decidirá la justicia, sino por su actuación posterior. Cuando está rodeado de dudas y sospechas un dirigente político ha de querer y poder dar explicaciones, y darlas. Su silencio es el reconocimiento de su culpa, y eso solo se arregla dimitiendo. Lo sabe Camps y lo saben sus colaboradores más directos. Saben que está haciendo el ridículo, que son el hazmerreir de España. Puede que el President tenga el ego desbordado a base de baños de masas traídas y llevadas a toque de pito y pago de bocadillo, quizás a Camps esas trabillas que le enviaban desde Italia para que los pantalones le ajustaran mejor han acabado apretándole más de lo preciso, impidiéndole la correcta circulación de la sangre y nublándole la razón pero no puede ser que sus colaboradores también hayan perdido el juicio. Aunque solamente sea por respeto a las instituciones, o por no envilecer más a la gente, o por no seguir empozoñando el mundo que deberán heredar nuestros hijos, o por dejar de arrastrar la democracia por el barro, si tuvieran un segundo de dignidad, un instante de grandeza, le deberían decir al President que no da para más, que nadie merece tanto descrédito, que ha llegado el momento de dejarlo. Adiós.
Al margen de como acabe el proceso contra Camps en los tribunales, el proceder del President valenciano es totalmente impropio de un dirigente político democrático. Con su resistencia, sus silencios, su abuso de la televisión pública, sus acusaciones "urbi et orbi" como armas de defensa, Camps está violando las instituciones que representa, está obligando a la gente a posicionarse a favor o en contra como si de una guerra se tratara, está tensionando a la ciudadanía solo porque cree poder salir personalmente beneficiado de ello. Camps ofrece un pésimo ejemplo y eso es de las peores cosas que puede hacer un dirigente político. Con su empecinamiento, colocándose detrás de las urnas como si fueran su trinchera, pervierte cualquier elección, aunque la gane, y fuerza a los votantes a rebuscar en su interior lo peor de si mismos, lo más irracional, lo más simple, su parte menos demócrata. Ese será su legado.
Una vez estalló el "caso Gürtel" Francisco Camps tenía que haber dado necesariamente explicaciones inmediatas y públicas de todo de lo que se le acusaba: explicarse o dimitir, esa es la senda de un político responsable y respetable. Solo el hecho de verse mezclado con con un grupo de gente dedicado a trapichear con sus influencias, que sobornaban, extorsionaban y se lucraban gracias a su cercanía al PP, solo eso, ya obligaba a Camps a explicarse y pedir disculpas. Pedir perdón al menos por haber puesto en tan malas manos tanta confianza y tanto dinero público. Miren las conversaciones que tenían, lo que tramaban, los tonos que utilizaban y las características de sus negocios. Mafia, tan cutre como se quiera pero mafia. No son los contactos que se esperan de un político honrado. Nadie vota para eso.
Lo grave es que las cosas no han quedado ahí ya que ha resultado que además de contactos Camps tenía con esta gente amistad y roce suficiente como para recibir de ellos cuantiosos regalos. En tales circunstancias las explicaciones pasan de necesarias a imprescindibles; pero no. De aclaraciones, ni una. Todo cortinas de humo, excusas y casualidades. Si, como juraba, había pagado él los trajes que otros decían haberle regalado, debía presentarse con las facturas por delante. Tan simple como esto. ¿Quién puede creerse que una persona como Camps circula por el mundo pagando en efectivo ropa por valor de miles de euros? ¿Billetes sacados de la caja de la farmacia de su señora? ¿Y no guarda facturas? ¿Ni las puede pedir? Cualquier mortal que no conserva un determinado justificante de pago lo necesita posteriormente lo pide a la empresa en cuestión y lo tiene en tres días; un President de la Generalitat, en tres minutos. Camps parece que no. ¿Cómo puede gobernar un país una persona tan desastre? Incluso en una comunidad de vecinos se le exige a su presidente mayor rigor.
Álvaro Pérez y Francisco Camps.El culebrón de Francisco Camps con Álvaro Pérez, "El Bigotes", es suficiente para dar por amortizada cualquier carrera política. Al principio, ante los primeros olores a corrupción, Camps despejó sus posibles contactos con Pérez asegurando casi ni conocerle, "tengo la suerte de saludar a muchas personas a lo largo del año", aseveró. Pocos días más tarde aparece una conversación entre ambos en la cual el mandatario valenciano llama a "El Bigotes" "amiguito del alma", le añade "te quiero un huevo" porque "lo nuestro es muy bonito" y se acababa descubriendo que toda la familia de Camps, toda, recibía regalos de Álvaro Pérez.
Haya o no delito, no se puede aceptar que un dirigente democrático, ayer, con la que está cayendo, haga como hizo Camps y, cuando los periodistas le preguntan por unas nuevas conversaciones divulgadas y que amplían la gravedad de las evidencias que le afectan, conteste que "ni lo conozco, ni me interesa, ni tengo nada que decir". ¿Cómo? ¿Cómo que ni le interesa aquello por lo que miles y miles de ciudadanos le exigen una explicación? Aunque solo fuera una persona la que le pidiera una respuesta, el político está obligado a darla, es la base de la democracia, es un derecho, conviene no olvidarlo.
El "caso Gürtel" condena políticamente a Francisco Camps pero no por lo que puede haber hecho ante de que estallara la trama de corrupción, que eso lo decidirá la justicia, sino por su actuación posterior. Cuando está rodeado de dudas y sospechas un dirigente político ha de querer y poder dar explicaciones, y darlas. Su silencio es el reconocimiento de su culpa, y eso solo se arregla dimitiendo. Lo sabe Camps y lo saben sus colaboradores más directos. Saben que está haciendo el ridículo, que son el hazmerreir de España. Puede que el President tenga el ego desbordado a base de baños de masas traídas y llevadas a toque de pito y pago de bocadillo, quizás a Camps esas trabillas que le enviaban desde Italia para que los pantalones le ajustaran mejor han acabado apretándole más de lo preciso, impidiéndole la correcta circulación de la sangre y nublándole la razón pero no puede ser que sus colaboradores también hayan perdido el juicio. Aunque solamente sea por respeto a las instituciones, o por no envilecer más a la gente, o por no seguir empozoñando el mundo que deberán heredar nuestros hijos, o por dejar de arrastrar la democracia por el barro, si tuvieran un segundo de dignidad, un instante de grandeza, le deberían decir al President que no da para más, que nadie merece tanto descrédito, que ha llegado el momento de dejarlo. Adiós.
lunes 6 de julio de 2009
Cuando democracia y dictadura se tocan
Está muy extendida la sentencia según la cual en las dictaduras se controla la información censurándola y en las democracias, manipulándola. No es del todo cierto. Estos días los golpistas de Honduras impiden a los medios de aquel país ofrecer otros datos sobre el derrocamiento de su gobierno democrático que no sean los que ellos mismos les ofrecen. Además dificultan tanto como pueden la labor de los periodistas extranjeros; en el caso de la cadena de televisión CNN les cortan la señal a la que empiezan sus emisiones. Es decir, son golpistas, son dictadores, y, de acuerdo a la tesis que encabezaba el artículo, estos sí, censuran la información. La parte falsa del aserto inicial es que en democracia el control de la información no se haga censurando sino manipulando. Hoy se ha sabido que el President de la Generalitat valenciana está a las puertas de ser juzgado por su implicación en el "caso Gürtel". El juez que investiga este sumario por presunta corrupción política del Partido Popular ha emitido un acto según el cual aprecia indicios suficientes de delito cometidos por Francisco Camps, y su "número 2" en el PP, Ricardo Costa. El juez José Flors ha ordenado que se transforme la tramitación judicial en marcha en un procedimiento bajo la Ley del Jurado. Pues bien, la televisión autonómica valenciana, Canal 9, ha censurado la información. No solo la ha censurado, es verdad, también la ha manipulado, pero la censura es evidente. Canal 9 ha colocado la información sobre el "caso Gürtel", es decir, sobre la decisión judicial de juzgar al President de la Generalitat valenciana, en la posición 28 de su informativo del mediodía. Ha sido un breve de 32 segundos con este texto: "El magistrat del Tribunal Superior de Justícia de la Comunitat Valenciana, José Flors, ha decidit mantindre la tramitació del procediment que segueix contra Francisco Camps, Ricardo Costa, Víctor Campos i Rafael Betoret, en apreciar indicis racionals de cohecho. Esta resolució del jutge instructor es recorrerà en apel•lació davant la Sala Civil i Penal del Tribunal Superior de Justícia. Les parts, que encara no han sigut informades d'esta resolució, hauran de comparéixer davant el jutge el dia 15 de juliol. La direcció nacional del PP ha reiterat el seu total suport a Francisco Camps".
Este es el video tal cual ha salido en pantalla:

La nota en cuestión, que no iba entre los titulares del día, ha aparecido cuando el informativo ya llevaba en pantalla 40 minutos, situada entre una noticia del encuentro entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos sobre temas de desarme que duraba 61 segundos y la toma de posesión del nuevo director del Centro Nacional de Inteligencia que duraba 81 segundos. A efectos de audiencia, recortar una información tan destacada hasta dejarla en 32 segundos, colocarla entre una noticia de internacional y otra de nacional, ubicarla fuera de un bloque temático coherente, dejarla fuera de los titulares de la jornada y, como en anteriores ocasiones, no explicar en que consiste el caso de corrupción del que se está hablando es simple y llanamente censura. Como lo es que la única declaración emitida sobre el tema haya sido la de la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, ratificando su confianza en Camps y que se hayan obviado las muchas voces que desde diferentes partidos políticos se han expresado en contra del President valenciano. En cuanto a la manipulación, ésta se evidencia en el hecho de que la noticia se ha presentado como una simple continuación del proceso judicial escondiendo que se trata de una decisión trascendental del juez, no se cita los cargos que ocupan las personas encausadas y lo que se destaca es que la decisión judicial será recurrida y que las partes todavía no la conocen. No aparece el término corrupción, ni se habla de la existencia de trajes regalados a Camps, ni se menciona a la empresa Orange Market, ni que Francisco Camps es el primer President de la Generalitat imputado judicialmente, todo datos que resultarían imprescindibles si se pretendiera que el espectador comprendiera de lo que se está hablando y su importancia. Más allá de todo esto, el ejemplo mayor de manipulación es lo que se hace en el texto con la calificación del delito del que se acusa a Francisco Camps: se habla, y recordemos que Canal 9 emite en valenciano, de un delito de "cohecho", un término que no existe. El "cohecho", en valenciano, es "suborn". Resulta muy claro que, aun al precio de usar una palabra inexistente, no se ha querido utilizar el término "suborn" porque todo el mundo podría entender de que se está hablando, en cambio "cohecho" nadie sabe lo que quiere decir. Así que, lo dicho, si la censura corresponde a las dictaduras, hay casos de regímenes democráticos con prácticas propias de dictaduras. Creo haber expuesto un ejemplo. El tratamiento informativo que este mediodía ha ofrecido Canal 9 del "caso Gürtel" combina manipulación y censura y la noticia se ha emitido siendo Director General de RTVV, Pedro García, quien por cierto también aparece, junto a Francisco Camps y los demás, en el listado de personas supuestamente destinatarias de los trajes regalados por la trama corrupta; Director de Canal 9, Anxo Quintanilla; Directora de Informativos, Lola Johnson; Jefa de Informativos, Maite Fernández, y Director del "Noticies 9 1a. Edición", Josep Magraner.
Este es el video tal cual ha salido en pantalla:
La nota en cuestión, que no iba entre los titulares del día, ha aparecido cuando el informativo ya llevaba en pantalla 40 minutos, situada entre una noticia del encuentro entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos sobre temas de desarme que duraba 61 segundos y la toma de posesión del nuevo director del Centro Nacional de Inteligencia que duraba 81 segundos. A efectos de audiencia, recortar una información tan destacada hasta dejarla en 32 segundos, colocarla entre una noticia de internacional y otra de nacional, ubicarla fuera de un bloque temático coherente, dejarla fuera de los titulares de la jornada y, como en anteriores ocasiones, no explicar en que consiste el caso de corrupción del que se está hablando es simple y llanamente censura. Como lo es que la única declaración emitida sobre el tema haya sido la de la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, ratificando su confianza en Camps y que se hayan obviado las muchas voces que desde diferentes partidos políticos se han expresado en contra del President valenciano. En cuanto a la manipulación, ésta se evidencia en el hecho de que la noticia se ha presentado como una simple continuación del proceso judicial escondiendo que se trata de una decisión trascendental del juez, no se cita los cargos que ocupan las personas encausadas y lo que se destaca es que la decisión judicial será recurrida y que las partes todavía no la conocen. No aparece el término corrupción, ni se habla de la existencia de trajes regalados a Camps, ni se menciona a la empresa Orange Market, ni que Francisco Camps es el primer President de la Generalitat imputado judicialmente, todo datos que resultarían imprescindibles si se pretendiera que el espectador comprendiera de lo que se está hablando y su importancia. Más allá de todo esto, el ejemplo mayor de manipulación es lo que se hace en el texto con la calificación del delito del que se acusa a Francisco Camps: se habla, y recordemos que Canal 9 emite en valenciano, de un delito de "cohecho", un término que no existe. El "cohecho", en valenciano, es "suborn". Resulta muy claro que, aun al precio de usar una palabra inexistente, no se ha querido utilizar el término "suborn" porque todo el mundo podría entender de que se está hablando, en cambio "cohecho" nadie sabe lo que quiere decir. Así que, lo dicho, si la censura corresponde a las dictaduras, hay casos de regímenes democráticos con prácticas propias de dictaduras. Creo haber expuesto un ejemplo. El tratamiento informativo que este mediodía ha ofrecido Canal 9 del "caso Gürtel" combina manipulación y censura y la noticia se ha emitido siendo Director General de RTVV, Pedro García, quien por cierto también aparece, junto a Francisco Camps y los demás, en el listado de personas supuestamente destinatarias de los trajes regalados por la trama corrupta; Director de Canal 9, Anxo Quintanilla; Directora de Informativos, Lola Johnson; Jefa de Informativos, Maite Fernández, y Director del "Noticies 9 1a. Edición", Josep Magraner.
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jueves 2 de julio de 2009
La política del doble lenguaje
Ya lo sabemos: en política el doble lenguaje es norma; parece de uso obligado entre diputados, senadores, consejeros, alcaldes y cargos parecidos, por más que en la vida "de los normales", en la vida civil, sea una manera de proceder muy mal vista. Pese a su carácter tan extendido en el ámbito político, personalmente creo que es siempre una prueba de poca fiabilidad, pero llevado hasta donde lo arrastra el PP, el doble lenguaje resulta, simplemente, una muestra evidente de falta de vergüenza, burla a la inteligencia de los ciudadanos y carencia absoluta de sentido democrático.
Lo estamos viendo en Benidorm. El gobierno local del PP se ha quedado en el filo de la navaja porque uno de sus concejales, José Bañuls, el que le da la mayoría absoluta, se ha pasado al grupo mixto. El fantasma de una moción de censura ha aparecido y los populares no se resignan. El alcalde Manuel Pérez Fenoll dice que "no hay razones objetivas para presentar una moción de censura", el senador Agustín Almodobar lamenta que "nos haya engañado", Esteban González Pons resumió su opinión con una concluyente apelación a "que devuelva el acta" y el estrambótico número 2 del PP valenciano, Ricardo Costa, dijo estar tranquilo y completamente seguro de que "los socialistas no romperán el pacto antitransfuguismo". Lo dicen ellos y lo dicen en La Marina donde los populares han conseguido gracias a transfugas las alcaldías de Denia, La Vila Joiosa y La Vall de Laguart. Lo dicen ellos y lo dicen en Benidorm donde Maruja Sánchez sigue cobrando del erario público, ella y su familia, desde aquel día de 1991 cuando abandonó el grupo socialista, se pasó al PP y colocó en la alcaldía, y en la rampa de lanzamiento de su carrera hacia el tesoro, a Eduado Zaplana.
Doble lenguaje como el de Rita Barberá que, después de que la Fiscalía Superior de la Comunidad Valenciana haya decidido archivar una causa contra ella por presunta malversación de caudales públicos en una permuta urbanística con el Valencia CF, ha dado rienda suelta a su indignación. Barberá ha reclamado a la oposición socialista que pida disculpas, ha preguntado que quién le va a reconocer el perjuicio y restituir el daño; por su boca han salido rayos y centellas, dice haber visto pisoteados sus derechos y ser objeto de una persecución por parte del Gobierno Zapatero. Por gritar que no quede. La alcaldesa de Valencia parece no reparar en el hecho de que la denuncia en cuestión no era cosa de sus opositores políticos sino de un grupo de vecinos, ni en que precisamente del Gobierno Zapatero depende el órgano que ha decidido archivar la causa, tampoco le merece más atención que los socialistas no hayan llevado sus críticas más allá de pedirle que "aclare las posibles irregularidades ya que la transparencia muchas veces se echa en falta en la ciudad". Y todo con su PP haciéndole el coro. El mismo PP que en el caso del alcalde de Elche, Alejandro Soler, y las facturas del Partido Socialista cargadas al Ayuntamiento, sí fue el partido denunciante, sí acusaron a Soler de meter la mano en la caja y, una vez archivada la causa, siguen pidiendo su dimisión. Afirma Ricardo Costa que "Soler debe dimitir por decencia y dignidad política" y anuncia que habrá recurso ante el Tribunal Supremo pese a que el auto judicial de archivo indica que "no cabe recurso alguno".
Como en la dimisión de Alberto Saiz al frente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Me revuelve las tripas oír a Soraya Sáenz de Santamaría, seria y trascendente como si sus palabras tuvieran algún valor, aplaudiendo el relevo de Saiz, "que se debería haber producido antes para evitar el desgaste y la pérdida de crédito del organismo"; como si a ella, como si al PP, le importara un bledo el prestigio de las instituciones. Hace unos días su gracioso portavoz Esteban González Pons aseguraba que el espionaje español estaba en manos de Mortadelo y Filemón, y a continuación esbozaba esa media sonrisa con la que suele acompañar sus ocurrencias. El desgaste de las instituciones, a los populares les trae al pairo, si no actuarían como actúan, si algo les importara en lugar de gastar tanto doble lenguaje ofrecerían el doble de responsabilidad.
Lo estamos viendo en Benidorm. El gobierno local del PP se ha quedado en el filo de la navaja porque uno de sus concejales, José Bañuls, el que le da la mayoría absoluta, se ha pasado al grupo mixto. El fantasma de una moción de censura ha aparecido y los populares no se resignan. El alcalde Manuel Pérez Fenoll dice que "no hay razones objetivas para presentar una moción de censura", el senador Agustín Almodobar lamenta que "nos haya engañado", Esteban González Pons resumió su opinión con una concluyente apelación a "que devuelva el acta" y el estrambótico número 2 del PP valenciano, Ricardo Costa, dijo estar tranquilo y completamente seguro de que "los socialistas no romperán el pacto antitransfuguismo". Lo dicen ellos y lo dicen en La Marina donde los populares han conseguido gracias a transfugas las alcaldías de Denia, La Vila Joiosa y La Vall de Laguart. Lo dicen ellos y lo dicen en Benidorm donde Maruja Sánchez sigue cobrando del erario público, ella y su familia, desde aquel día de 1991 cuando abandonó el grupo socialista, se pasó al PP y colocó en la alcaldía, y en la rampa de lanzamiento de su carrera hacia el tesoro, a Eduado Zaplana.
Doble lenguaje como el de Rita Barberá que, después de que la Fiscalía Superior de la Comunidad Valenciana haya decidido archivar una causa contra ella por presunta malversación de caudales públicos en una permuta urbanística con el Valencia CF, ha dado rienda suelta a su indignación. Barberá ha reclamado a la oposición socialista que pida disculpas, ha preguntado que quién le va a reconocer el perjuicio y restituir el daño; por su boca han salido rayos y centellas, dice haber visto pisoteados sus derechos y ser objeto de una persecución por parte del Gobierno Zapatero. Por gritar que no quede. La alcaldesa de Valencia parece no reparar en el hecho de que la denuncia en cuestión no era cosa de sus opositores políticos sino de un grupo de vecinos, ni en que precisamente del Gobierno Zapatero depende el órgano que ha decidido archivar la causa, tampoco le merece más atención que los socialistas no hayan llevado sus críticas más allá de pedirle que "aclare las posibles irregularidades ya que la transparencia muchas veces se echa en falta en la ciudad". Y todo con su PP haciéndole el coro. El mismo PP que en el caso del alcalde de Elche, Alejandro Soler, y las facturas del Partido Socialista cargadas al Ayuntamiento, sí fue el partido denunciante, sí acusaron a Soler de meter la mano en la caja y, una vez archivada la causa, siguen pidiendo su dimisión. Afirma Ricardo Costa que "Soler debe dimitir por decencia y dignidad política" y anuncia que habrá recurso ante el Tribunal Supremo pese a que el auto judicial de archivo indica que "no cabe recurso alguno".
Como en la dimisión de Alberto Saiz al frente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Me revuelve las tripas oír a Soraya Sáenz de Santamaría, seria y trascendente como si sus palabras tuvieran algún valor, aplaudiendo el relevo de Saiz, "que se debería haber producido antes para evitar el desgaste y la pérdida de crédito del organismo"; como si a ella, como si al PP, le importara un bledo el prestigio de las instituciones. Hace unos días su gracioso portavoz Esteban González Pons aseguraba que el espionaje español estaba en manos de Mortadelo y Filemón, y a continuación esbozaba esa media sonrisa con la que suele acompañar sus ocurrencias. El desgaste de las instituciones, a los populares les trae al pairo, si no actuarían como actúan, si algo les importara en lugar de gastar tanto doble lenguaje ofrecerían el doble de responsabilidad.
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